EL INCESTO Y SU IMPORTANCIA SOCIAL
José de Jesús Vargas Flores y Joselina Ibáñez Reyes
UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO
CAMPUS IZTACALA


La familia es una estructura social que le ha permitido al hombre sobrevivir y criar de manera ordenada la prole. Conforme se ha ido desarrollando la sociedad, las estructuras que la mantienen se han ido afianzando y consolidando de una manera más precisa y concreta (Tolman, 1991). Una de estas estructuras, que se ha consolidado con mucha fuerza, es la familia. Esta estructura tiene sus propias reglas de funcionamiento, la asignación precisa de roles, reglas de ingreso y de egreso, así como una forma de relacionarse entre los miembros que la componen.

Cada papel dentro de la familia tiene asignado una función específica que se espera que se cumpla sin desviaciones (Napier y Whitaker, 1982). Se espera que el hombre que forma a la familia sea el padre, provea económicamente al resto de los miembros, tenga la fuerza emocional y física suficiente para imponer premios y castigos, dirija y coordine a la familia, sobre todo en los momentos de crisis y se le llama el "jefe de familia". La mujer tiene la inevitable función biológica de ser la madre; lo cual implica el desarrollo de actividades específicas dentro de la crianza de la descendencia. Ella es la que amamanta, limpia, alimenta y cuida a los hijos desde que nacen hasta mucho más allá de la dependencia física de los hijos. Hay madres que los cuidan hasta mucho después de que tendrían que haber dejado de depender en todos los sentidos como a los 35 o 40 años. Los hijos también tienen funciones importantes. En ellos se cierne el futuro de la familia, son los proyectos de vida de los padres. Las proyecciones personales que la familia lanza a la sociedad para que ésta se reproduzca. Las expectativas que los padres proyectan sobre los hijos hacen que exista un balanceo emocional entre la pareja y el desarrollo de la familia. Alrededor de estos papeles sucintamente descritos, pueden existir otros como los educadores, lo cuidadores, los proveedores de diferentes servicios como salud, prevención, castigo social, etcétera. Cuando las funciones internas de la familia comienzan a fallar, se busca fuera de la misma para que sean cubiertas (Minuchin y Fishman, 1988). De esta forma, por ejemplo, una señora puede acudir en consejo y fortaleza emocional con su médico, debido a que su esposo no puede o no quiere cumplir con esta función dadas sus actividades que le alejan de gusto o por necesidad. O la búsqueda de ayuda psicológica, dado que las soluciones impuestas dentro de la familia han fallado y no se halla la salida o la alternativa.

Las funciones familiares son muy importantes porque permiten el nacimiento, crecimiento, reproducción y disolución de la familia de acuerdo a las reglas socialmente establecidas (Hoffman, 1987). Éstas reglas sociales no son impuestas por alguien en específico o predeterminadas de acuerdo a alguna voluntad divina o social. Más bien se trata de reglas de convivencia de orden práctico, que han demostrado y permiten el funcionamiento adecuado, de acuerdo con los objetivos históricamente importantes. Una vez establecidas dichas reglas, son cubiertas con el manto de la moral, la religión y demás cánones divinos y sociales que hacen que de la impresión de que han sido inspirados por Dios, el destino, la naturaleza u otro ente ubicuo y trascendente. Por ejemplo, los diez mandamientos no son sino reglas de convivencia social; no matarás es un mandamiento que, si no se cumple cabalmente no permitiría al hombre convivir en sociedad si su vida no es garantizada. Lo mismo ocurre con los demás, incluyendo tanto los de orden divino como social. No desearás la mujer de tu prójimo es una regla social de protección a la familia como institución social. La fidelidad garantiza el seguimiento genético de los hijos. La única manera en que un hombre puede asegurar que los hijos de su esposa son de él, es que ella copule únicamente con él. Esto permite no solo el seguimiento genético, sino también el seguimiento social y económico a través de la transmisión de los bienes. La monogamia y la fidelidad fueron establecidas como norma social en forma firme y explícita cuando se desarrolló la noción de propiedad privada (Engels, 1972). Eso no quiere decir que no existiera antes, sino que anteriormente cumplía con otras funciones de índole práctica, tales como la concentración del trabajo de los cónyuges para el desarrollo y mantenimiento de la prole. La poligamia se da donde las condiciones sociales permiten el mantenimiento de más de una mujer con su descendencia. Esto generalmente ha ocurrido en personas con alta jerarquía económica y social como los reyes o los califas en Arabia. La poliandria (relaciones sexuales de una mujer con varios hombres) se da donde las condiciones económicas y de producción son tales que el trabajo de un solo hombre no permite el mantenimiento de una mujer y sus hijos.

Una de las reglas de convivencia dentro de la familia son las relaciones sexuales. La sexualidad tiene una función biológica y social de reproducción. Por lo tanto, ésta tiene que darse dentro de las normatividades establecidas. Sexo solo vaginal, en una postura predeterminada (conocida por los sexólogos como la posición del misionero), dentro del matrimonio y con finalidades de reproducción. Con el advenimiento de la revolución industrial, cualquier relación sexual que no fuera productiva, como la homosexualidad, relaciones anales y la masturbación, fue proscrita y castigada; socialmente condenada y considerada como degeneración, actos contra natura y demás pecados. De la misma manera, la sexualidad fuera de matrimonio, con finalidades exclusivas de placer, extravaginales y en diversas posturas se consideró pecaminosa por un tiempo por la Iglesia Católica. Pero, como ya se ha venido mencionando, estas normas tienen una funcionalidad práctica, que permite en un momento histórico determinado, el buen funcionamiento social, así como su reproducción.

Entonces, las relaciones sexuales no pueden estar permitidas entre los miembros de la misma familia, ya que no sería conveniente. Cuando esto ocurre, lo cual se sale absolutamente de las normas establecidas, se le llama incesto. Nuevamente el cubrir un acto social inconveniente con el ropaje del pecado y la inmoralidad. Sin embargo, no podemos dudar de su utilidad.

Toda estos conceptos introductorios son importantes para entender el sentido del incesto. Para entender por qué ocurre y cual es su función.

En el caso del incesto, las reglas sociales diseñadas para la familia, se trastocan. El "jefe de familia", el hermano, el tío, la hija, el hijo, la madre dejan sus papeles socialmente asignados de protección, proveeduría económica, apoyo mutuo, se dejan de cumplir para convertirse en amantes, proveedores y demandantes de satisfacción sexual. El funcionamiento familiar normal se vuelve insostenible y que por lo tanto la familia deje de ejecutar sus funciones sociales de reproducción social. La hija deja de ser el proyecto de vida que se desarrollará en un futuro como mensajera de una tradición social y familiar en la creación y reproducción de otra familia, para convertirse en parte del proyecto de satisfacción sexual del padre, en su caso. Este cambio de papeles detiene el crecimiento natural de la familia, la estanca y por lo tanto la corrompe.

Puede dar la impresión al inicio del presente trabajo que la finalidad es criticar las condiciones sociales que imponen y determinan hasta cierto punto el desarrollo y funcionamiento de la familia y en parte puede ser así. Pero hasta la fecha, muchas de las reglas impuestas siguen siendo válidas para el buen transcurso social, como las reglas de no matarás, no robarás. Lo importante es destacar, en su momento, que no son reglas de tipo divino, sino más bien reglas que, nuevamente, permiten de manera práctica la convivencia social.

Desde el punto de vista antropológico, casi todas las culturas condenan el incesto. Conocemos algunos casos históricos en los cuales el incesto no ha dado buenos resultados biológicos por no permitir la novedosa combinación de los genes con la finalidad de dejar atrás problemas genéticos y avanzar hacia el cambio. Ocurrió en el caso de algunas dinastías monárquicas que no permitían la mezcla de su divina sangre real con la de los plebeyos. Enfermedades como la epilepsia y la hemofilia se volvieron famosas en esas dinastías. De la misma manera, la endogamia crea los mismos problemas en pueblos enteros al transcurrir de mucho tiempo. De ahí que el mestizaje siempre sea una buena alternativa biológica de impulsar el cambio y la novedad biológica dentro de todo un pueblo, como ocurrió en México. Pero lo que se interpone no es el problema biológico, sino, como casi siempre pasa entre los seres humanos, es la conveniencia, las tradiciones, las cuestiones económicas, el racismo y, en fin, todos estos aspectos de tipo exclusivamente de origen social. De aquí que podamos considerar como una especie de deseos incestuosos el ánimo segregacionista y racista de un pueblo. Dicho sea esto sin ánimos de una interpretación psicoanalítica.

Pero entonces, ya nos encontramos en el momento de preguntarnos cuál es la función e importancia social del incesto. Por un lado, nos vemos obligados a aceptar su actualidad y utilidad social.

La familia requiere de movimiento como cualquier otro organismo. Renovación e integración no solo de genes, sino también de costumbres, actitudes, estilos de solución de problemas. La única forma de lograr esto es a través del ingreso normado de personas que pertenecen a otras familias, las cuales traen estas novedades de estilos familiares. La forma establecida es cuando los integrantes de la familia buscan relaciones sexuales fuera de la misma. Si no fuera así, no tendría sentido esta actividad. Es decir, un hijo no le encontraría sentido buscar una novia, esposa o amante fuera de la familia si dentro de ella tiene acceso a las relaciones sexuales a través de su madre o sus hermanas (Haley, 1985). Lo mismo ocurriría con cualquier otro miembro de la familia. Buscar una pareja fuera de la familia implica comprometerse a llevar y mezclar los estilos de su familia con los de otra, dando lugar a una novedosa combinación que, dado el cambio, puede con alguna probabilidad provocar el crecimiento y solución de problemas familiares a los que no se les había encontrado salida hasta el momento. Problemas tales como el alcoholismo, la falta de impulso en las metas vitales, en fin, un cambio de visión sobre la vida y la familia que siempre acarrea a su vez, un cambio en la búsqueda de soluciones (Beavers y Hampton, 1995).

Por otro lado, tenemos que considerar las consecuencias emocionales de un incesto. En una sociedad como la nuestra, con papeles familiares bien definidos como ya lo establecimos, la desviación de esta normatividad provoca sentimientos de culpa en los niños. Para éstos, no es posible soportar el confrontamiento de conceptos tan dispares como una relación afectuosa y filial con el resto de los miembros de la familia, con una relación de tipo "amoroso" y sexual. El conflicto generalmente es muy grande, lo que se desencadena en un trastorno emocional que va a afectar su posterior desarrollo social. Va a ser muy difícil que posteriormente retome los roles sociales asignados como mujer, madre, esposa, o en el otro sentido, como hombre, padre, esposo. Dado el trastocamiento inicial de estos papeles en los inicios su vida, va a tener pocos elementos para cubrir el resto de los papeles que se esperan de él o ella. Tal vez los desempeñe de manera defectuosa o intente repetir las relaciones incestuosas con su descendencia, con los consiguientes problemas de generación en generación dentro de su familia. El conflicto resulta tan fuerte, que afecta a todas las esferas vitales de su existencia; la escuela, la familia, los amigos, en fin, el conflicto se desborda hacia todas estas esferas provocando la desorganización general. La intervención de agentes sociales generalmente no resuelve la problemática general porque se limita a evitar físicamente el acto, pero no interviene en la dinámica interior. Este papel le corresponde al psicólogo clínico, quien tiene las herramientas necesarias para una intervención de este tipo. Sin embargo, ocurre en ocasiones que no se le da el seguimiento adecuado.

De esta forma, podemos ver, sin necesidad de abordar el problema desde el punto de vista moral o religioso, la inconveniencia de un fenómeno que se le ha considerado un tabú dentro de la sociedad, como es el incesto. Las relaciones sexuales dentro de la familia invierten e introducen el caos dentro de los papeles que debe desempeñar la familia para que pueda cubrir sus funciones de reproducción y crecimiento de la sociedad. El problema es cuando este fenómeno es visto con repulsión, con deseos de linchar al culpable. Si es un problema cuando es el padre quien abusa de manera cínica de la hija. Pero este es el tipo de incesto más evidente, más no el único. Existen otros tipos de incestos menos visibles, que no llegan a las agencias especializadas en delitos sexuales; pero no por ello menos problemáticos y que tienen las mismas negativas consecuencias a largo plazo.

El conocimiento y análisis del fenómeno nos pueden dar pautas para la búsqueda de cada vez mejores alternativas de prevención y tratamiento desde la perspectiva psicológica.

Referencias

Beavers W. R. y Hampton R.B. (1995) Familias Exitosas: evaluación, tratamiento e intervención. México: Paidòs.

Engels F. (1972) El origen de la familia, la propiedad privada y el estado. Moscú: Progreso.

Haley J. (1985) Terapia para resolver problemas. Buenos Aires: Amorrourtu.

Hoffman L. (1987) Fundamentos de la Terapia Familiar. México: Fondo de Cultura Económica.

Minuchin S. Y Fishman H.C. (1988) Técnicas de Terapia Familiar. México: Paidós.

Napier A. y Whitaker C.A. (1982) El crisol de la familia. Buenos Aires: Amorrourtu.

Tolman C.W. (1991) Critical Psychology. En C.W. Tolman y W. Maiers (Eds) Critical Psychology: Contributions to an Historical Science of the Subjet. Cambridge: Cambridge University Press.
 
 




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