Se da por supuesto que la familia está formada por un padre, una madre y los hijos. Aunque también existe la familia extensa. Pero además, de la misma manera, la forma "correcta" de vivir es en forma monogámica, es decir un hombre con una sola mujer. Cualquier otra variación es considerada como "anormal". Estas variaciones pueden ser la poligamia (un hombre con varias mujeres), la poliandria (una mujer con varios hombres), la homosexualidad tanto femenina como masculina, o finalmente la soltería. La sociedad es una estructura que, como cualquier otra, intenta mantenerse estable y reproducirse. Si no se mantiene estable o se reproduce, podría ser destruida y los elementos de la sociedad, es decir, los individuos que la componen, no es lo que desean. Los adolescentes dicen que siempre están en rebeldía, pero una vez pasada esta etapa, se vuelven más reaccionarios que sus antecesores. Recordemos los movimientos sociales de los años 60, eran muchachos revolucionarios con propuestas sociales claras. Sin embargo, ¿qué es lo que pasó? Ahora son los padres de los muchachos de hoy y no tienen nada de revolucionarios. Pedían amor y paz e incluso hicieron interesantes experimentos de comunas en las cuales plantearon diferentes tipos de familias. Sin embargo, los experimentos fueron finalmente abortados y se terminaron. O tal vez no hubo tales abortos, sino que estos modelos evolucionaron de tal forma que terminaron desapareciendo, difuminándose dentro de la estructura social. De esta forma, las propuestas sociales finalmente son absorbidas por las estructuras sociales que no permiten un cambio revolucionario. Los cambios sociales se dan o de manera forzada por las circunstancias (por ejemplo, una guerra, una catástrofe económica, una plaga) o de una forma más o menos larga. Tan larga que en ocasiones una vida no alcanza para observar los cambios que va sufriendo la sociedad en su conjunto. Las costumbres van variando poco a poco, se van modificando, adaptándose a las circunstancias presentes.
Pero estas costumbres surgen siempre como una forma de adaptarse a las necesidades de supervivencia de la especie. Una vez que surgen y son funcionales, la sociedad pretende que sigan sirviendo a pesar de que las circunstancias ya han cambiado, pero esto es parte de la inercia social, sus cambios lentos. La sociedad es un lento animal, que se mueve muy despacio y con dificultad. Cuando requiere cambios, inmediatamente se opone, ya que, debido a su lentitud, desea que todo siga igual, sin moverse, como ha funcionado hasta ahora. Cuando finalmente hace cambios, los que propugnaban por el cambio ya no existen y el cambio se ejecuta sin que la gente se de cuenta de tan lento que es.
Pero veamos y analicemos la infidelidad. Ésta se da como antítesis de la fidelidad y por lo tanto de la monogamia. Y la monogamia no es más que una estructura social tal que le ha permitido al hombre (genéricamente hablando) a sobrevivir como especie. Cuales son las bases para este tipo de afirmaciones. Pues el hombre se ha caracterizado por su base social que le permitió sobrevivir. No tiene la fuerza ni las características físicas para enfrentarse a un león o a un elefante y sin embargo lo hace en conjunto. Ya agrupado, su fuerza y coordinación lo convierte en un cazador insuperable. Una de las primeras agrupaciones que el hombre hace es con su pareja para poder reproducirse. Una vez que se ha reproducido, es necesario que los niños, la prole, sobreviva y llegue a una edad tal que, a su vez, le permita la reproducción. De otra forma, el hombre como especie se extinguiría.
Generalmente el hombre sale de caza y, dada su condición biológica ya discutida por muchos investigadores, la mujer tiene que quedarse en la casa, embarazada o cuidando a los niños. Si la mujer se queda sola, siendo las circunstancias de producción como eran en la prehistoria, lo más probable es que muriera de hambre o que al menos no pudiera mantener a sus hijos. Por lo tanto, de manera forzada, es necesario la intervención de las dos partes para que pudiera sobrevivir la prole.
De aquí surge la monogamia, como una necesidad de sobrevivencia, como una adaptación social y biológica. Una vez que se da esto por un periodo determinado de tiempo, se considera como un orden natural y hasta divino de estructura social. La monogamia ha permitido no solo la supervivencia del hombre, sino también es la mejor forma de reproducción de la sociedad. El hombre tiene la necesidad de vivir dentro de una sociedad y ésta requiere del hombre para reproducirse y evolucionar. En realidad no son dos entes separados, aunque su comportamiento parezca que así es. Los hombres son elementos constituyentes de la sociedad y requieren de ella para vivir en ella. A su vez, la sociedad está compuesta de un conjunto de reglas que exige de ciertos comportamientos para poder sobrevivir y reproducirse y de esta forma permitir la sobrevivencia y reproducción de los hombres. Y se ha encontrado con que la monogamia es una forma adecuada y ordenada de reproducción.
Pero la monogamia también tiene un conjunto de reglas para cumplir con su cometido y la primera de las reglas consiste en la prohibición de que tanto el hombre como la mujer tenga, específicamente, relaciones sexuales con personas ajenas a la pareja. Las razones por las cuales se da esta prohibición son claras. Por parte del hombre, la única manera de saber si sus hijos son biológicamente sus hijos es que su pareja copule únicamente con él. Si su esposa tiene relaciones sexuales con otros hombres, no hay forma de saber quien es el padre. Por parte de la mujer, si su pareja tiene relaciones y por lo tanto hijos con otra mujer, los recursos que podrían ser destinados a ella y sus hijos, son distraídos con otra mujer y sus hijos. Esto no puede ser permitido.
Por lo tanto, la monogamia y la prohibición de las relaciones extramaritales no son sino una forma social que permite, de manera ordenada, que los seres humanos vivamos dentro de la sociedad. Las normas morales son códigos de comportamiento que permiten la convivencia social, la civilidad y la armonía.
Pero el precio por el que hay que pagar por la moderación de nuestros impulsos sexuales, es variado. Existen personas que son convencidas monogámicas, que piensan que las relaciones infieles son perversas, pecaminosas o malas y que por lo tanto, no les interesa ese tipo de actividad. A pesar de que tal vez sus relaciones sexuales con su pareja sean aburridas, así es como debe de ser y no hay más en la vida. No les interesa incursionar en otro tipo de actividad sexual. Otras personas tienen muchos impulsos sexuales con otras personas que no sean su pareja, pero no se atreven a hacerlo. Piensan que "no vale la pena arriesgar lo que tengo por un rato de placer" y por lo tanto, a pesar de sus impulsos, logran dominarlos y mantenerlos a raya. Otro tipo de personas tienen relaciones extramaritales de una forma escondida. De hecho, esta es la forma "correcta" de ser infiel. El problema deja de ser si se hace o no se hace, sino cómo hacer para que no lo descubran. Entonces la gente la acusa de que es infiel porque la descubrieron, mientras ellos también son infieles, pero tienen la "decencia" de "hacerlo bien". Es decir, de hacerlo con la suficiente precaución para no ser descubierto.
Luego entonces, ¿la infidelidad es mala o buena? No existe un término absoluto para calificar un acto. Es bueno cuando es conveniente, cuando no trae consecuencias negativas, cuando acarrea placer. Es malo cuando las consecuencias son negativas, cuando es destructivo, cuando se vuelve incontrolable. De aquí podemos deducir que en ocasiones la infidelidad puede ser buena, hasta excelente, mientras que en otras ocasiones es muy mala, hasta nefasta.
Veamos en qué circunstancias puede ser buena. La sexualidad extramarital, a pesar de su mala fama social, tiene aristas positivas. Cuando se está casado, se tiende a pensar que la pareja está con nosotros por obligación, lo que le quita la espontaneidad a los lazos afectivos. Una relación extramarital es, en estos términos una relación más legítima, espontánea y honesta entre dos personas que la que se da durante el matrimonio. Esto puede parecer sorprendente a los defensores morales de la monogamia y la fidelidad pero así es. Cuando la relación de amantes es sana, no existen las exigencias, las críticas ni los vicios que se dan en una relación que está sancionada socialmente. No hay tantas reglas, tantas exigencias. Solo en la relación de amantes se puede hablar sin obstáculos de las otras relaciones que se mantienen. Ante un esposo o esposa, no se puede hablar de muchos temas, porque esto ocasionaría molestia y deterioro de la relación. En un matrimonio hay un objetivo social definido que consiste básicamente en la reproducción y crianza de los hijos; además de la estabilidad social, familiar, económica que solo proporciona el matrimonio. Mientras que las relaciones extramaritales no tienen ese fin tan a largo plazo. Su objetivo únicamente puede ser el placer, el tocar, acariciar y copular con otro cuerpo independientemente del compromiso que se tenga con él. Las relaciones maritales tienen un precio muy alto, que consiste en el compromiso y la relación a largo plazo. Visto de esta manera, una mujer que no accede, cuando legítimamente tiene impulsos sexuales, a tener una relación sexual con alguien, a pesar de que quisiera, es vender su cuerpo independientemente de sus deseos. Existencialmente esto es deshonesto e ilegítimo, pero muy conveniente desde el punto de vista social. Ser un humano civilizado tiene muchas ventajas, pero también muchas otras desventajas.
Claro que siempre existe el riesgo de que una relación de amasiato termine como una relación marital. Es decir, que las cosas evolucionen de tal forma que una relación de amantes se convierta con el tiempo en una relación marital. Esto es frecuente cuando los papeles de la relación se confunden. Por ejemplo, cuando se busca en la relación marital a la pareja que no se tiene. Entonces se comienza a tratar a la amante como a una esposa. En contraposición, a la esposa se le comienza a tratar como a una amante. Los papeles se confunden y esto puede llevar a la disolución de un primer matrimonio para comenzar con el segundo. El problema es que, como la situación emocional no se ha resuelto, con alguna frecuencia las personas cambian de papeles pero no de problemática. La segunda esposa comienza a sufrir porque cela a su marido. Éste comienza a perder interés por su actual esposa y empieza a buscar a una amante.
Cada cual tiene que buscar su camino, de acuerdo a sus preferencias personales. Sin embargo, la sociedad no permite esto, considera que quien no piense como se desea que piense. Quien hace este tipo de cosas es considerado como un anormal y las personas castigan a quien se atreve a esto.
Las más castigadas son las mujeres dado su papel biológico. Esta condición determina que una mujer puede embarazarse de otra persona y esto es muy censurable y dañino tanto para la autoestima como a la condición económica del hombre, dado que tendría que mantener a hijos que no tienen sus genes. A lo largo de la historia, se ha considerado que el hombre podría tener relaciones extramaritales, las cuales son malas pero no terribles cuando quien las comete es el varón. Pero cuando este error lo comete una mujer, la valoración cambia, se considera como un pecado terrible y la pena de muerte no es considerada como excesiva. Si una mujer mata a un hombre porque la engañó, se considera como una exageración. Pero si un hombre mata a su mujer por la misma razón, se considera como justificado, un castigo razonable. ¿Cuál es la razón de esta diferencia? Podría mencionar la más obvia, que la mujer ha ocupado socialmente un lugar inferior dentro de nuestra cultura y dado que es inferior, el castigo es mucho mayor. Este argumento es razonable pero no es el único. Otro argumento podría ser que el hombre no se embaraza, por lo tanto, cuando tiene relaciones sexuales fuera del matrimonio, no regresa a su hogar con una carga genética ajena a la familia. Mientras que con la mujer ocurre lo contrario, cuando tiene relaciones sexuales extramaritales, puede regresar embarazada, con genes que no pertenecen a su marido, atentando en contra de la descendencia y propiedad de su esposo. Por lo tanto, la gravedad de su pecado es otro.
Tenemos que considerar que la píldora anticonceptiva no tiene ni 50 años de inventada. Cuando llegó la píldora, la mujer tuvo por primera vez en sus manos, la posibilidad de controlar no solo su reproducción, sino también la posibilidad de controlar al padre de sus hijos. Esta posibilidad no ha sido discutida con suficiente profundidad. Es una alternativa que da miedo a la sociedad. Se ha convertido como el sexo en las familias tradicionales, se sabe que existe, pero no se discute. Una mujer puede tener relaciones sexuales con quien quiera con fines exclusivos de placer dentro y fuera de su matrimonio con uno o varios hombres y no embarazarse. Cuando desee reproducirse, basta con elegir al padre y copular monogámicamente con él hasta quedar embarazada. Por supuesto que los jóvenes no son tontos y saben que existe esta posibilidad que no se ha explotado debido a la novedad. Pero seguramente en las generaciones por venir, se asumirá, se tomará en cuenta de manera más explícita y se llevará a cabo con más frecuencia. Es una situación que asusta a los tradicionalistas porque coloca a la mujer en el mismo nivel de capacidad de elegir su reproducción que el hombre.
En general se considera que la mujer debe de esperar quién se fije en ella y elegir entre sus pretendientes al que será su pareja para toda la vida. Es de mal gusto e indeseable que sea una mujer la que proponga el inicio de una relación. Comúnmente se utilizan estrategias para hacerle creer al hombre que él ha sido quien ha tomado la iniciativa. Pero con esta alternativa que acabamos de exponer, ya puede ser la mujer quien tome la iniciativa. Y la sociedad está cambiando con su acostumbrada lentitud, pero las nuevas generaciones ya se encuentran fungiendo su papel de agentes de cambio.
Ahora analicemos en qué circunstancias la infidelidad es mala. Esto depende en gran medida del grado de madurez de la persona. En tanto más inmadura es, la infidelidad es más mala. Pero tenemos que dar una pequeña definición de lo que es madurez para que se pueda entender el concepto.
La madurez es el grado hasta el cual la persona puede ser independiente. Entre más independiente se es, más madura es la persona. Pero la independencia siempre es relativa, porque vivimos en sociedad y somos relativamente independientes. Al tipo de independencia a la que me refiero es a la emocional básicamente. Es decir, cuando la persona utiliza su criterio racional para analizar las cosas y se comporta en consecuencia. Entre más impulsivo es un sujeto, más posibilidades tiene de equivocarse y sufrir las consecuencias. La impulsividad es el grado hasta el cual el sujeto se comporta sin medir las consecuencias de sus actos. Siempre somos impulsivos en alguna medida, pero hay personas inmaduras que son demasiado impulsivas, emocionales, iracundas, que se enamoran con demasiada fuerza, que odian también con intensidad. Esto hace que con frecuencia pierdan el control de sus actos, se embriagan de ira y se comportan como borrachos que no miden lo que hacen.
Entonces, cuando la persona es madura, puede manejar con relativa facilidad la infidelidad, tanto si él la comete como si su pareja es quien lo hace. Puede colocar en su lugar las cosas. En un lugar tiene a su esposa o esposo, en el otro a su familia, en otro a sus amigos y en otro muy aparte, a su amante. No revuelve las cosas ni permite que se desborden. Puede terminar una relación antes de que las cosas se salgan de su control, se desborden y lo dañen a él o ella y a las personas a las que quiere.
Pero cuando es inmadura, se enamora perdidamente de su amante, revuelve las cosas, no las puede separar. Se enreda como mosca en la telaraña de emociones y no sabe cómo ir jalando la madeja con calma hasta que se deshacen suficientemente los nudos para salir de la situación. En estas circunstancias, la infidelidad no es sino una excelente forma para amargarse la existencia. Mete al amante dentro de su relación marital confundiendo todo. Permite que su pareja se entere de la situación para demostrarle fuerza, poder y cuando se le confronta, no sabe cómo salir de la situación. Generalmente es la pareja quien toma una decisión. Como revuelve sus emociones, sufre terriblemente. Por un lado, tiene sentimientos de culpa hacia su pareja por engañarla y por el otro está enamorado de su amante y quisiera que ocupara el lugar de su esposa o esposo. La situación se puede tornar tan tensa que explote la situación en la forma más explosiva, hiriente y destructiva. Las consecuencias pueden ser fatales, incluyendo un crimen pasional. O puede no terminar en un horror, pero mientras dura la situación, sus sentimientos de culpa son tan fuertes, que no disfruta de la situación. La infidelidad, lejos de ser un catalizador dentro del matrimonio, que puede ayudar a reflexionar, a valorar la estabilidad de su relación, se convierte en un verdadero e insufrible infierno. En estas circunstancias, la infidelidad es poco recomendable. Una persona con éstas características no debe siquiera pensar en ella. Así, casada, fiel con su pareja, es muy feliz, no tiene la necesidad de sufrir.
Pero se podrá argumentar que donde quedan los valores, la sinceridad, el ser auténtico con su pareja, sin mentiras ni hipocresías. Los valores morales como estos, son otra forma de control social. Es decir, son reglas de convivencia social, como ya los explicamos al principio de este trabajo. Estas reglas de comportamiento fueron enseñadas y aprendidas durante la niñez. Hay personas que no toleran salirse en lo más mínimo de sus límites. Cuando lo hacen sufren mucho, como ya lo dijimos. Si los sentimientos de culpa por hacer algo van a ser tan fuertes e insoportables, lo mejor es no ejecutar ese comportamiento que tantas dificultades nos va a traer.
Como podemos ver, la infidelidad es un tema controversial.
No hay una sola cosa que decir. En ocasiones puede ser visto como algo
totalmente condenable porque implica el engaño, la mentira, la deshonestidad
hacia la pareja. En otras ocasiones puede ser visto como una situación
agradable, liberadora, que permite la valoración real del matrimonio,
que refuerza nuestra autoestima y que nos provoca un gran placer.