La Muerte y el Ser Humano
José de Jesús Vargas Flores
 

La muerte es un asunto muy serio. Más serio de lo que podemos suponer, porque cuando perdemos a un ser querido, sufrimos mucho y no sabemos qué hacer, cuando perdemos un miembro de nuestro cuerpo, por ejemplo, una pierna o un brazo, lo sentimos como terrible. Pero en todos estos casos, tenemos, al menos, la posibilidad de preocuparnos por algo que perdemos. Sin embargo, en el caso de la muerte, lo perdemos todo, absolutamente todo.

En general, el ser humano evade el tema de la muerte. La religión católica dice que "pasamos a mejor vida". Cuando enterramos a alguien, sentimos que nos despedimos definitivamente de la persona. Rezamos diciendo que su alma descanse en paz. Pero creo que en el fondo no creemos ya nada sobre el alma y la vida en la otra vida. Tal vez esto ocurrió en algún tiempo y de esto tengo mis dudas. Seguramente la gente común sí lo creía. Pero los ricos, los criminales no creo que lo pensaran de este modo. El ser humano es muy curioso, hay gente que es rica y explota a los demás y dice ser profundamente religiosa. Cuando está frente a un altar, se transforma, reza, se hinca, se conmueve por los ritos religiosos. Pero en cuanto sale de ahí, nuevamente se transforma. Entonces exige, toma decisiones que afectan de manera negativa a los demás y no les importa. Por otro lado, seguramente también hace donaciones piadosas. Los seres humanos somos de todo incongruentes, solo cuando nos conviene. En general la congruencia es bastante forzada, como todo en la vida, porque justificamos nuestras acciones de una manera racional y utilizando solo los argumentos que nos convienen. Pero todo esto no es más que un engaño que nos hacemos a nosotros mismos para no acordarnos de la muerte. Si de algo estamos seguros, es de que algún día vamos a morir. Pensamos de la vida como si fuera eterna.

Observamos a nuestro alrededor. Si somos citadinos, vemos los edificios, las calles, las banquetas, el ambiente general de nuestro medio. Pero todo esto que vemos, había un tiempo que no existía. En general, podemos darnos cuenta de que tiene muy poco de que está ahí. ¿Cuánto tiempo tiene? ¿100, 200, 500 años? En todo caso es muy poco el tiempo. Pero ya está ahí, ¿por cuánto tiempo seguirá estando? No por mucho más, seguramente dentro de mil años, la sociedad humana, si es que existe para entonces, habrá modificado su estructura, de tal manera que no habrá acumulaciones demográficas como en la actualidad. Cuando estemos muertos, el tiempo dejará de existir. Lo mismo dará un día que mil años. El tiempo solo existe para los vivos. En este sentido, todo lo que nos rodea, con el tiempo, dejará de existir totalmente. Como cuando vemos las ruinas arqueológicas y nos cuesta trabajo pensar cómo vivieron las personas ahí. Es difícil imaginar su lengua, sus costumbres, la forma en que resolvían las necesidades cotidianas de la vida. Lo único que interesa a los arqueólogos son las cuestiones generales, como la cultura, las conquistas, etcétera. Algunos si han hecho investigaciones sobre la basura y los deshechos fisiológicos de los hombres prehistóricos. Pero seguramente esto mismo ocurrirá con nosotros. Entonces, todo lo que nos rodea, así como lo vemos de sólido, desaparecerá para siempre como nosotros.

Pero también hay que pensar que somos resultado del éxito. Definitivamente, si mis ancestros no hubieran sobrevivido, al menos lo suficiente como para reproducirse, ahora no estaría yo aquí. Cuantos niños jamás alcanzaron más allá de los cinco años. Cuantas parejas jamás se unieron. Y sin embargo, aquí estamos, o al menos aquí estoy yo, sobreviviendo y reproduciéndome, de tal manera que tal vez en quinientos años todavía ande por este mundo algún sobreviviente de mis genes. Esta es una de las razones por las cuales es importante la reproducción responsable. Cuando yo me muera, todavía habrá células mías vivas en este mundo. Esas células serán mis hijos. Por esto debo hacer todo lo posible para que su bienestar y educación sean lo mejor posible, porque finalmente seré yo el que ande por aquí, ya que ellos son parte de mí, y yo no quiero estar mal.

Pero la muerte es la nada. Algunos han dicho que el sueño es una especie de muerte pequeña. Yo no lo creo porque cuando estamos dormidos, seguimos teniendo vivencias. Para ello contamos con un cerebro que sueña, pero si el cerebro es destruido ¿qué sustentaría la base de nuestros sueños? Esta es una noción lógica de Bertrand Russell que me dejó pensativo durante mucho tiempo. Lo que él decía es que si algo le ocurre a nuestro cerebro, entonces nuestra personalidad y comportamiento cambia. Esto no es difícil de suponer y comprobar, cuando ocurre un daño cerebral por un accidente traumático, por una enfermedad degenerativa del sistema nervioso, entonces su comportamiento cambia. En este sentido, siguiendo a Russell, nosotros somos memoria. Sabemos quienes somos y qué es lo que nos rodea. Esta memoria está sustentada por un sistema nervioso complejo como lo es el del ser humano, en especial el cerebro. Si este cerebro es destruido por la muerte ¿entonces qué es lo que queda? La respuesta es la nada. Me parece que es semejante a cuando nos desmayamos o cuando se nos anestesia para una operación. En ese estado no sabemos nada de nosotros, no tenemos vivencias, ni sentimientos ni nada. La diferencia es que con la muerte no vamos a despertar nunca. Esto puede ser muy doloroso de pensar porque la nada nos aterra. Pero en general no creo que sea tan malo. Dejaremos de preocuparnos y de ocuparnos de todo. Ahí no nos preocupará la contaminación, ni la inflación, ni la lluvia o la falta de agua.

Las nociones religiosas dicen que tenemos una alma inmortal que va a ser premiada o castigada dependiendo de nuestro comportamiento moral o inmoral. Pero la moralidad o inmoralidad está dada por una época y un momento social. No hay pecados absolutos. Las normas morales no son sino reglas prácticas que nos permiten convivir en sociedad. Es poco práctico que matemos a la gente si se nos pega la gana, por eso el código del no matarás. Y así con todas las normas. Por otro lado, es ilógico que Dios castigue mi alma, si con lo que pecamos fue con el cuerpo. Casi todos los pecados tienen que ver con el cuerpo, nuestra temible conducta sexual. Otros pecados se refieren a pasiones no controladas. Pero todo esto tiene que ver con nuestra condición humana. Sin embargo yo creo que es positivo el papel que la religión hace, esta es una forma de control social.

Pero siguiendo con el tema de la muerte, se nos promete que estaremos en el paraíso o en el infierno. Si la gente estuviera convencida de ello, este mundo sería distinto, pero no es así. Y esto ocurre con más frecuencia en nuestro mundo actual. Cada vez la sociedad tiene más dudas sobre si hay otra vida después de la vida.

Pero nos gusta tener la esperanza. Por esto son muy populares los libros sobre la vida después de la vida. La recopilación de casos "fidedignos" cuando la gente se encuentra en un estado límite entre la vida y la muerte. Incluso científicos renombrados afirman que hay vida después de la vida. Por ejemplo, hay una investigadora alemana que ha desarrollado su trabajo en Estados Unidos y que se ha dedicado a asistir a pacientes desahuciados. Es una tarea bastante tétrica, pero noble en el sentido de asistir a un moribundo durante el trance de muerte. Esta investigadora, Elizabeth Kubler-Ross, ha hecho algunos desarrollos teóricos que son respetados por la comunidad científica. Pero en sus últimos libros reporta casos que, según ella, prueban que existe otra vida. Por ejemplo, reporta el caso de una niña que tuvo una experiencia cercana a la muerte. La niña dice que sentía y veía que su hermano venía por ella. Lo extraño era que decía que no tenía hermano, pero su padre le confiesa que si había tenido un hermano y que había muerte hacía poco tiempo. Entonces, la conclusión es que la niña no pudo haber inventado lo que no sabía.

Las dos posiciones están ahí. Una que dice que no hay vida posterior a la vida y la otra que no hay tal, que únicamente la computadora cerebral se desconecta y ya no vuelve a funcionar. ¿Cuál de las dos será la correcta? No tenemos medios para probar ninguna de las dos, la fe es lo que queda. La gente con miedo a desintegrarse de forma definitiva dice que si hay vida o al menos así lo creen. Los objetivos como Russell, dicen que no la hay.

Pero lo importante es la manera en que encaramos este ominoso fenómeno y cómo determina en gran medida nuestro comportamiento en la vida. Una forma de encararlo es ignorarlo, como lo hace casi todo mundo. Como si ignorándolo lo fuéramos a evitar. Otra manera es tener la esperanza de una vida posterior, de un juicio en el que el premio o el castigo es el resultado (como sí la muerte fuera la continuación de nuestra estructura humana). Otros, como Kubler-Ross, tienen una noción de vida después de la vida, pero no en la forma católica tradicional, no plantea castigos ni premios, sino simplemente otra vida. Cada orientación religiosa tiene su propia noción de la vida posterior a la vida.

El problema es que las nociones que asumamos sean tomadas de manera acrítica. Solamente pensando que es así porque así nos lo dijeron. Siempre habrá un alto grado de racionalización que nos convenga. Es decir, que siempre encontraremos los argumentos que justifiquen lo que pensamos. Primero decidimos lo que queremos pensar y luego buscamos argumentos que lo justifiquen. Aún así, siempre es bueno reflexionar sobre este tema y, de manera lo más objetiva posible, analizarlo de tal manera que podamos sacar algunas conclusiones que, sin pensar que son perfectas o verdaderas o las únicas, nos guíen en la forma en que nos conducimos por la vida.

 

 
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